El turismo constituye actualmente un sector importante de la economía mundial. Seguramente es menos perjudicial para el medio ambiente que, por ejemplo, la industria de guerra, pero no deja de plantear una serie de problemas. El turismo sostenible puede contribuir, hasta cierto punto, a la solución de estos problemas. Sin embargo, para aprovechar esta oportunidad, hay que eliminar diversos obstáculos, entre ellos los que surgen a causa de malentendidos y falta de información.
Este artículo ha tratado de indicar algunas de las potencialidades y exigencias de este sector, con la esperanza de poder contribuir a nuevas investigaciones, contactos y cooperación a nivel internacional. Los esfuerzos en este terreno deberían basarse en la comprensión de que la conservación es condición indispensable para el turismo sostenible. El turismo que respeta las reglas del desarrollo sostenible ofrece perspectivas para una acción eficaz en el ámbito de la conservación de nuestra herencia común.
Los conservacionistas deberían ser conscientes de que es imposible e inoportuno erradicar el turismo. Imposible porque la presión y las expectativas son demasiado grandes; e inoportuno porque un turismo bien conceptualizado ofrece a la gente valores importantes, y podría ser la mejor forma de educación ambiental.
Las autoridades responsables de la conservación de la naturaleza deberían tener en cuenta el turismo al tomar decisiones sobre el plan de administración de un área determinada. Resultan decisivas a este respecto las reglas para el uso sostenible del turismo y los cálculos adecuados sobre la densidad turística que una región determinada puede soportar. Éste no es un desafío cualquiera, sino que implica la realización de estudios en gran escala acerca del medio ambiente, la economía y la composición social. No basta calcular el umbral de tolerancia del medio ambiente. Por definición, el ecoturismo, de un lado, no debería devastar el ambiente cultural, y, del otro, debería brindar las satisfacciones y los beneficios esperados a todas las partes interesadas.
Sólo cuando se especifican todas estas limitaciones básicas y el propósito de conservación resulta claro, puede proyectarse una intervención de política. Este procedimiento no debería ser únicamente de carácter administrativo, sino que debería contar con la colaboración de todas las personas interesadas. Es preciso informar a las comunidades locales y a los turistas, de modo apropiado y convincente, sobre las limitaciones necesarias.
El ecoturismo depende esencialmente de la actitud de las comunidades locales. Con frecuencia las áreas atractivas por sus cualidades naturales y turísticas son pobres en comparación con otras del mismo país. De aquí que las autoridades locales acepten con placer la posibilidad de afluencia de capitales y de nuevas inversiones mediante el turismo, incluso sin hacer caso de sus graves consecuencias para el medio ambiente y la cultura local. En todos los países podemos hallar ejemplos de este tipo. Un caso típico sucedió hace unos años en la región de los lagos Masurian, en el este de Polonia. Un empresario europeo occidental quería construir un hotel en una península virgen del gran lago polaco Shiardwy. Las autoridades locales, tentadas por los beneficios económicos previstos, aceptaron con interés dicha oferta, a pesar de que la península y todo el lago formaban parte de un parque. La población local se opuso a esa decisión, lo que provocó la intervención de las autoridades centrales polacas. La controvertida inversión fue impedida, pero hasta ahora nadie ha elaborado o sugerido una alternativa de desarrollo positivo.
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